sábado, 25 de octubre de 2008

Arrimar

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Louise Brooks. Foto extraída del grupo "Louise Brooks" de Facebook. Parte del libro "Portrait d'une anti-star"
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martes, 30 de septiembre de 2008

I am in Paris

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Inquietantemente, septiembre se está pareciendo demasiado a diciembre. Así, con poco tiempo para: dormir, comer, arreglar la casa, cumplir con las actividades y las entregas, ver gente, escribir, hacer ejercicio... Como la gran Veruschka, a mi también me gustaría estar en Paris.


Escena con Veruschka en la película de Antonioni, Blowup, 1966:



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martes, 9 de septiembre de 2008

Belgrano

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Avenida Cabildo es la hermana fea de Avenida Santa Fe. Nace prometiendo y termina dañada, llena de basura, en el fin del mundo. Si un día arreglo con un amigo que me lleve en auto mientras yo cierro los ojos, me de vueltas por la ciudad, y frene aleatoriamente en algún punto de la ciudad, estoy segura que si abriera los ojos, con sólo mirar unos segundos alrededor, me daría cuenta en dónde estamos. Cada barrio tiene una atmósfera única, y Belgrano no es la excepción. Como en las viejas ciudades, donde el tiempo se suma por capas, en Belgrano conviven los monumentos históricos, las plazas y el espacio público, la arquitectura “new rich” de los noventas, las casitas y pensiones de barrio, pequeños negocios de botones y reparación de calzado, tintorerías que venden muñecos origami, casas de disfraces, un centro evangelista, los gimnasios, los cibers, los reductos under para bandas punks, sex shops en abundancia, restoranes peruanos de verdad, todo superpuesto en un plano que se extiende hasta Nuñez, ahí donde el mundo termina, sostenido por una gran tortuga.
Si Tod Browning hubiese tenido que filmar la versión 2008 de Freaks, se hubiese parado en la esquina de Cabildo y Juramento a hacer el casting. Por esa esquina pululan tribus, banditas y marginados, duermen borrachos, pasan cumbieros, gritan niños a punto de irse de viaje de egresados. ¿Quién dijo que Belgrano es un barrio caro? Por ejemplo, los alquileres son más baratos que en Villa Crespo, ahora que Villa Crespo es Palermo Queens.
Belgrano es trash, claramente. El barrio de las plazas donde paran los racinguistas, los excursionistas y los stones. Belgrano Metal, Belgrano Trash, Belgrano con olor a pis de gato.
Si Gus Van Sant quisiera hacer la remake de su primer película, Mala noche, pero ambientada en Argentina, se quedaría parando en el kiosco 24 horas de Cabildo y Juramento, o se tomaría un café a medianoche en el Mc Donalds de Cabildo y Mendoza. Bellos muchachitos haciéndose caricias en los asientos del fondo.
Belgrano, además, tiene la Avenida más linda de la ciudad; Crámer. Y si no fuera la más linda, sino la segunda más linda, sí tiene, sin dudas, el mejor nombre: Crámer, como Kramer de Seinfeld, y Kramer vs Kramer, film de los ochentas total, con sonido Crunch-crunch, crocante como un croata.
Probar caminar un domingo soleado, casi primaveral, por las vías de Barrancas de Belgrano, por ejemplo. Se oirán niños correteando, aire pasando ligero, se verán globos rojos en el cielo y se sentirá el susurro de un lugar que se supo pueblo.
Barrancas, las vías, la Glorieta donde se baila tango y toda ese área que nace arriba y termina abajo, bien podría llamarse Belgrano Old Pain.
Belgrano Kitsch tiene el bar Manhattan, ubicado en Cabildo y La Pampa, construcción tipo edificio Empire, de escalera y reloj pseudo art decó, con una dorada y extensa barra atendida por un español. Y tiene también el conocido barrio chino, quién sabe qué historias se esconden detrás de las empanaditas chinas, los adornitos orientales y la cerveza importada.
Avenida Cabildo tiene algún tipo de emparentamiento con la Avenida Sáenz del barrio de Pompeya, quizá debido a esos hipernegocios tipo Rodó, el de las tipografías anchas, enormes, donde se puede ver a la familia argentina entrando y saliendo un sábado a la tarde. En el último mes, Avenida Cabildo se convirtió en un gran bazar dónde las chicas revuelven las exageradas y abundantes ofertas de la última temporada: postales de la Argentina inflacionaria.
Tomar un café en el bar del primer piso de la esquina de Avenida Cabildo y Juramento, escribir mirando por la ventana el Stock Center con ventanas azul Miami observando la Avenida sucia, enloquecida y ancha. A veces salir con la más fea tiene onda.

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jueves, 4 de septiembre de 2008

Mis compañeros de trabajo

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Mi Pequeño Pony


Betty Boop ilumina cada día


El E.T. que trajo madre de Miami en los 80s


Mis libros de art&design


Miauuuuuu


Collage en la pared


Y mi very best friend, Kafka enamorado



Fotos de Tadeo Jones

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jueves, 28 de agosto de 2008

Últimos mensajes de texto enviados

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Guillermo Cóppola va a ser padre a los 60

Tengo ropa interior nueva

Ministra de Justicia francesa, embarazada, soltera, 42 años

Sos un chonguito sensible

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lunes, 11 de agosto de 2008

Une femme est une femme

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Mientras me tomo unas saludables vacaciones de internet, los dejo con la única...
Y este jueves: el living de las chicas.

¡Salud!


(Anna Karina en Une femme est une femme)

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jueves, 24 de julio de 2008

Holly

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Puede ser bajando la escalera mecánica del subte, en la cola del banco, mientras miro la cara de algún pasajero en el colectivo. Cuando estoy a punto de tocar el timbre, llegando a una esquina, cruzando la calle. Desde que terminé de leer Desayuno en Tiffany's, una emoción irrumpe y me llena los ojos de lágrimas.
Espero el subte, Holly en frente sentada balanceando las piernas. Suena el teléfono, Holly arriba, en la terraza, tomando una copa y sonriendo. Café en el bar, Holly apurada llevando una bolsas. Me digo: "¿Se puede escribir 'Desayuno en Tiffany's' como un cuento?". "Sí, pero perderías a Holly", contesta el abecé.
No quiero perder a Holly
La última línea de la novela, los gatos en la calle, las cajas de mi mudanza. Ordeno los platos, cuelgo los vestidos, Holly se tira en el sillón y se saca los zapatos. No te enamores nunca de algo salvaje, dice, y se duerme.
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martes, 15 de julio de 2008

Nuestros años felices

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¡Qué felices éramos cuando éramos dark! En el Club del vino año 2003, nos sentábamos desdichados a brindar esperando que salga a escena la orquesta, llorábamos en los asientos de la Trastienda por nuestro amor torturado y a escondidas nos besábamos mientras Juan Pablo Fernández cantaba las manos no sirven para arreglar esas cosas que no se ven.
Pequeña Orquesta Reincidentes, que primero se llamó Reincidentes, fue una de las mejores bandas argentinas de rock y la banda de sonido de la mejor historia de mi vida. Fue, porque hace pocos meses recibí un email que anunciaba su separación. De rock, porque en algún momento su formación y sonido así lo eran. A diferencia de lo esperable, la noticia del fin me alivió. Dicen que hay que saber retirarse a tiempo: yo diría que se retiraron unos discos después.
Tarde, Nuestros años felices, Que sois ahora y Pequeña Orquesta Reincidentes (y siendo flexible Mi suerte también) son los mejores discos, quizá los únicos posibles. Rock con tango, tango con dark, dark con Europa del Este, música con palabras, prosa con poesía: una banda que logró un verdadero sonido personal, auténtico, propio. Un cantante escritor, que algunos asocian a Carver y Arlt (recordar que Juan Pablo Fernández es parte del staff de la revista literaria Ricardito), músicos con formación de músicos, treintañeros de traje y corbata. Drama, expresionismo alemán, oscuridad. Para cualquiera que haya tenido el gusto de haberlos visto en escena sobre todo antes del 2005, recordará el talento interpretativo de JPF, un tipo que te contaba un historia desgarrado, sostenido, parado aún sin caer, por la maravillosa música de sus compañeros. Historia urbanas, pero también de pueblo, del que vuelve de Malvinas y nadie lo espera, de parejas que se ahogan con el tiempo, del pasado, de la imposibilidad de fugar al presente, de Buenos Aires en taxi, del vino, de lo que ya no es. La música para los que gustan aspirar de lo que está hecho el ser porteño.
Todo esto hasta el cuarto disco. Después vinieron las dudas, alguna cosa que los confundió, algún espejismo y la orquesta se deshizo en discos repetidos, en jingles kusturizados, en caprichos. Paradójicamente, cuanto más exitosa, en términos de cantidad, de público, se volvía la banda, más aburrida y poco interesante se volvía la música. Una verdadera pena que no hayan apostado por lo que habían conseguido con tanto trabajo y belleza. Quizá sea demasiado dura con el derrotero de la banda, pero se es duro con lo que más se ama.
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Decime Rebeca

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