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Estamos todos locos
Por Ernesto Tenembaum
El conflicto entre el sector rural y el Gobierno puede ser analizado desde distintos puntos de vista. Como siempre, las perspectivas ideologizadas, maniqueas y moralistas suelen ser más estruendosas y vendedoras que las posiciones moderadas. También, suelen ser las que más daño le hacen al país. A mi entender –que, naturalmente, es discutible– hay dos posiciones extremas que evitan abordar lo que realmente es el tema de discusión. Para una de ellas –expresada por el Gobierno y por sus simpatizantes– se trata de un conflicto entre el campo popular y la oligarquía. Según esta concepción, el Gobierno, en defensa de los intereses de todos los argentinos, impone retenciones al campo, y la oligarquía reacciona con un lockout patronal con tufillo golpista. Algunos de los defensores de esta posición la atenúan, al destacar que el poder político debería atender los reclamos de los pequeños y medianos productores, pero que el eje del problema no es ése, sino el intento desestabilizador que pusieron en marcha los sectores del privilegio para evitar la distribución del ingreso. La posición opuesta sostiene que la voracidad fiscal del Estado oprime al campo, que mantiene al país y es víctima de una actitud autoritaria y rapaz. Por lo tanto, la única alternativa que les queda, para ser escuchados, consiste en desabastecer de alimentos al resto de la sociedad.
Es un clásico argentino. Demasiada gente grita, utiliza conceptos ideológicos, recurre a medidas extremas, patotea, alza las banderas para que pase la farolera, y muy pocos discuten realmente los hechos. Siempre fue así. Hubo bandos desde que comenzó la historia del país. Y palabras grandilocuentes, estruendosas que justificaban las peores locuras y ubicaban en el lugar del traidor a cualquiera que dudara: a izquierda y a derecha, siempre fue así. En este caso, quizás haya una lectura intermedia que permita percibir otros elementos. A mi entender, lo que ha ocurrido en la Argentina en los últimos quince días refleja la existencia de un serio problema de relaciones sociales que afecta a todas las partes y que las referencias ideológicas sólo contribuyen a disfrazar.
El Gobierno anuncia hace quince días la imposición de nuevas retenciones al sector rural, que se suman a las que ya existían. Esa medida, ahora se sabe, no representa demasiado –al menos en sí misma– ni para distribuir el ingreso, ni para nada. Es una medida de efecto marginal. Con toda la furia, permitiría recaudar aproximadamente 1500 millones de dólares. Para el Estado, eso es poco. Tan poco que representa apenas la tercera parte del tren bala, o la mitad de los fondos extras destinados para esa extravagancia, ya que esta misma semana el Gobierno anunció que deberá invertir 4000 millones y no los 1200 anunciados originalmente. Es decir que el Gobierno tenía margen para tomar la medida o para no tomarla.
No era de vida o muerte.
Podía darse un tiempo para agotar los esfuerzos para que tuviera consenso al menos en los sectores más débiles.
No hizo ni una cosa ni la otra: no contempló a los más vulnerables ni tampoco apeló a la política para tener una mínima red de consenso. Y no había incendio que justificara la urgencia.
Tanto es así que la argumentación oficial posterior al conflicto confirma esos elementos. Sostener que al campo le ha ido bien en estos años es una obviedad. Agregar que las retenciones son una medida justa, en fin, hasta Mario Blejer lo defiende. Insistir en que es necesario distribuir el ingreso es correcto. Recordar que la oligarquía rural siempre conspiró contra los gobiernos populares ya lo enseña Felipe Pigna en sus libros. Recitar que en el campo usan cuatro por cuatro es una pavada. Pero son todos artilugios, picardías, chicanas, para evitar el fondo de la cuestión.
Las preguntas clave sobre la manera en que se aplicaron las retenciones móviles son otras: ¿sabe el Gobierno cuál es el ingreso promedio de los productores de cincuenta o cien hectáreas, diferenciados por tipo de cultivo y región del país? ¿Sabe cuántos son? ¿Realmente ellos “la levantan en pala” o, en cambio, aunque les va mejor que hace unos años, están al límite, ganan menos, por ejemplo, que un jefe de Gabinete o un ministro o un periodista o un camionero? ¿Sabe cómo serían afectados por la ampliación de las retenciones? Esas preguntas no fueron respondidas en ningún discurso presidencial, por ningún reportaje de los concedidos por ministros, en ningún paper de los distribuidos por Economía. Esto es: o no lo saben –lo que era un requisito previo para tomar las medidas– o lo ocultan porque es un dato que no conviene difundir. Y es muy importante por varias razones: este paro no tendría ninguna legitimidad sin el aporte de los pequeños productores, ellos son los más duros en el conflicto; y, además, si se aplica un impuesto a un sector débil se lo pone ante la disyuntiva de entregar su propiedad a sectores más concentrados. Eso ha pasado muchas veces cuando la ideología va despegada de cierta solvencia técnica: se la justifica por izquierda pero suele tener efectos por derecha.
Hasta aquí, por lo menos en mi opinión, el Gobierno no ha conseguido explicar cuál era la urgencia de la medida, por qué no se intentó consensuarla, ni cuáles eran sus efectos sobre los sectores más débiles de la economía rural. Revistió el conflicto de recursos ideológicos muy eficientes en la sociedad argentina, que siempre tiene gente tan dispuesta a alzar las banderas, para que pase la farolera, mantatirulirulá.
Pero no explicó lo central.
La ampliación de las retenciones desató un nivel de irracionalidad sin precedentes. La decisión de los piquetes rurales de desabastecer el país, como primera medida de fuerza, tiene una magnitud difícil de encontrar en la historia democrática argentina. Es extraño que entre los ruralistas no haya aparecido al menos una voz sensata que advirtiera sobre la obscenidad de dejar pudrir alimentos en las rutas. Por donde se lo mire, es una canallada. Es mentira que la culpa de semejante barbaridad sea del Gobierno. Cualquier dirigente sabe que entre todo y nada hay un camino intermedio para recorrer. La decisión de cortar los caminos durante quince días parece más bien un intento revolucionario que una resistencia a una medida impositiva sectorial. Faltaban Pancho Villa o los coroneles franquistas y estábamos todos. La simpatía que semejante disparate generó en sectores diversos de la sociedad –los medios conservadores, sectores urbanos profesionales, entre otros– refleja, en todo caso, que la desmesura, el autoritarismo, el doble discurso, no afectan sólo al Gobierno.
Es decir: a partir de una medida difícil de justificar –por sus maneras y por la extensión de los afectados y por la ignorancia oficial sobre sus consecuencias en los eslabones más débiles–, se produce una respuesta de dimensiones aún más escandalosas que la medida en sí, con un agravante: la reacción podría haber causado muertes. El corte de los caminos por parte de los productores rurales debería marcar un ejemplo sobre lo que no debe hacerse en un país democrático. Podrá ser cierto que los pequeños y medianos productores no están en una situación holgada, pero tampoco son los más desesperados de la sociedad argentina. Y ellos, los que peor la pasan, jamás han respondido de manera extrema ante su sufrimiento.
Para colmo, del lado del Gobierno, ante la contundencia de la protesta, les enviaron a los camioneros de Pablo Moyano para amenazarlos, mientras los funcionarios respondían al “campo” –así, en términos generales, sin diferenciación– con insultos y provocaciones. Sobre llovido, mojado: a la medida original discutible, le siguió el intento de desabastecer al país y después el envío de patotas para desarticularlo. Luego, el discurso presidencial que abroqueló a todos los sectores rurales involucrados en contra y la reacción de cacerolas y manifestantes en todo el país para repudiar al Gobierno, pintadas a favor de Videla incluidas. Por si fuera poco, los Kirchner envían a Luis D’Elía a pegarles a los manifestantes disidentes. Todo esto, mientras en las rutas había situaciones delicadísimas: un enfermo cardíaco murió en Córdoba por los piquetes.
Es decir que durante quince días, a partir de una medida muy discutible tomada por el Gobierno –y, además, de no demasiada magnitud cuantitativa–, los argentinos estuvimos a punto –realmente, a punto– de agarrarnos a tiros.
Ese es el elemento central de esta semana.
A mi entender, el Gobierno tiene más responsabilidad que los ruralistas en todo lo sucedido, simplemente, porque un Gobierno es más responsable que los demás respecto del clima que crea en un país. Los funcionarios deberían medir la reacción que podría provocar una medida o un discurso. Pero, al mismo tiempo, es indignante percibir la magnitud de la respuesta y la condescendencia de los medios conservadores respecto de los piquetes más salvajes que tuvo la historia argentina reciente. Los Kirchner tienen una extraña vocación por la violencia callejera cuerpo a cuerpo. El envío de D’Elía a golpear disidentes –y su jerarquización en el palco oficial de Parque Norte– recuerda los cadenazos que recibieron otros caceroleros por parte de una patota oficial en Río Gallegos en diciembre del 2001, o el increíble aval oficial que recibió Daniel Varizat luego de arrollar con su cuatro por cuatro (no sólo las tienen los productores rurales) a una docente, o las patoteadas en el Hospital Francés. La derecha tiene una notable vocación por la violencia cuando justifica, defiende y promociona los piquetes que desabastecen a un país. Hay pocos inocentes en esta historia que, vale la insistencia, en cualquier momento, por un motivo u otro, provocará muertes que nunca son las de familiares de los dirigentes, de un lado u otro del espectro.
Con todo respeto, sin ánimo de ofender, es una historia demasiado triste y, por momentos, parece que están todos locos. La Argentina tiene una oportunidad única en estos tiempos: no hay amenaza militar, no hay amenaza de crisis económica. No ocurrió eso en un siglo. Hay plata y tiempo para reformar la educación, la salud, la ciencia, la infraestructura del país y cambiar la historia. Estaría bueno que, en el medio, no nos agarráramos a tiros por una medida fiscal de relativa importancia. Y que no revistamos de ideología, dignidad o lucha de clases lo que, simplemente, parece el reino de la estupidez, la ambición (de dinero, de poder), la exageración y la paranoia. Por momentos parece que el gran enemigo para el crecimiento de este país es la locura, que a ambos lados del espectro político se disfraza con conceptos ideológicos poco apropiados para lo módico que fue el disparador del conflicto.
Por supuesto, es más sencillo ubicarse de un lado o del otro. Calificar de traidor a todo el que duda o marca las incoherencias en ambas partes y alzar la bandera para que pase la farolera. En este país siempre hemos sido muy coherentes, siempre hemos tenido razón, siempre justificamos nuestra actitud en las barbaridades de los otros.
Y nos ha ido realmente muy bien.
¿O no fue así?
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lunes, 31 de marzo de 2008
Es difícil posicionarse cuando todo te da asco
sábado, 29 de marzo de 2008
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R dice que quizá me regalen una de estas para mi cumple. Ok, todo bien, pero a mí lo que realmente me gustaría que me regalen es uno de estos (ayyyyyyyyy).
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R dice que quizá me regalen una de estas para mi cumple. Ok, todo bien, pero a mí lo que realmente me gustaría que me regalen es uno de estos (ayyyyyyyyy).
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miércoles, 19 de marzo de 2008
fragmento de un cuento
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Pablo, noticias. La perra se embarazó. Me lo confirmó el veterinario. Fue un accidente. Es que pensé que se le había ido el celo porque ya no sangraba más y la saqué a la plaza a pasear. Me distraje, me colgué. Ni siquiera vi el momento en que se la cogieron. Con los días empecé a notar que andaba cabizbaja, como deprimida. Primero creí que estaba triste porque te extrañaba. No es una idea tan loca, los animales extrañan a sus dueños cuando no están y a veces somatizan. De hecho la perra de mi madre tenía embarazos histéricos. Bueno, la cuestión es que está preñada. No está deprimida.
No sé como lo vas a tomar. Alguna vez tenía que pasar. ¿O acaso pensabas dejarla virgen hasta el día que se muera? ¿Existen los abortos para animales? En fin. Ahora no duerme más conmigo, se mete en el armario. Entre tus zapatos y los míos y se duerme ahí toda la noche. El veterinario me dijo que eso es un comportamiento típico de perra embarazada.
En una mes va a parir. No vas a estar para el parto. Un garrón porque a mi me da un poco de impresión toda la cuestión de la sangre y los líquidos. Solo y con la perra pariendo. ¿Y si le pasa algo? ¿Y si se le atora un cachorro en la mitad? Voy a tener que investigar el asunto.
Bueno, decime qué pensás.
Besos,
Juan
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Pablo, noticias. La perra se embarazó. Me lo confirmó el veterinario. Fue un accidente. Es que pensé que se le había ido el celo porque ya no sangraba más y la saqué a la plaza a pasear. Me distraje, me colgué. Ni siquiera vi el momento en que se la cogieron. Con los días empecé a notar que andaba cabizbaja, como deprimida. Primero creí que estaba triste porque te extrañaba. No es una idea tan loca, los animales extrañan a sus dueños cuando no están y a veces somatizan. De hecho la perra de mi madre tenía embarazos histéricos. Bueno, la cuestión es que está preñada. No está deprimida.
No sé como lo vas a tomar. Alguna vez tenía que pasar. ¿O acaso pensabas dejarla virgen hasta el día que se muera? ¿Existen los abortos para animales? En fin. Ahora no duerme más conmigo, se mete en el armario. Entre tus zapatos y los míos y se duerme ahí toda la noche. El veterinario me dijo que eso es un comportamiento típico de perra embarazada.
En una mes va a parir. No vas a estar para el parto. Un garrón porque a mi me da un poco de impresión toda la cuestión de la sangre y los líquidos. Solo y con la perra pariendo. ¿Y si le pasa algo? ¿Y si se le atora un cachorro en la mitad? Voy a tener que investigar el asunto.
Bueno, decime qué pensás.
Besos,
Juan
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martes, 11 de marzo de 2008
Todos los caminos conducen a Eisenach
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Primero fue el dark, exaltación de la belleza triste, los cuellos lánguidos y las canciones delineadas con lápiz negro. The Cure, The Smiths y Siouxsie and the Banshees. Talco en la cara y trabajo en el microcentro. El pasaje de las canciones oscuras a los borcegos de caña alta, las remeras a rayas y el punk inglés fue sencillo. Del primer disco punkie de The Cure, Three imaginary boys, al sonido combativo de The Clash había sólo un paso. Sid y Nancy se volvió mi película de cabecera. Todo olía teen spirit y eran los noventas. Pero los noventas nunca me interesaron, salvo por Belle and Sebastian (y alguna otra cosita escondida). La caminata seguía por el tipo que mejor se vistió en toda la historia del rock. El hijo de La Voz. Bowie. Mientras más noventas se ponían los noventas, y las revistas especializadas escribían términos como "ecléctico" a rabiar, me quedé en los ochentas. Menos mal. New Order. The Police. Algún viaje a los setentas. Nunca pude superar el primer disco de la banda de la nueva ola y los cortes conceptuales, 77 de Talking Heads. Alguna estadía en la Velvet. Poco tiempo después, cometí mi primer y único robo: This is hardcore, de Pulp. Alguien tendría que avisarle a Jarvis que 200 pesos la mínima es too much para la common people de acá.
Mi ex dice que cuando se acercan los 30, se deja un poco de lado el pop y el rock y se descubren otros géneros. Mi ex tiene razón. Tango y bolero. Y jazz. Estaba segura que el sonido que más me identificaba era el jazz. Pero llegaron los años, en tres semanas cumplo 30, llegaron las lágrimas, y llegó el barroco a mi vida.

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Primero fue el dark, exaltación de la belleza triste, los cuellos lánguidos y las canciones delineadas con lápiz negro. The Cure, The Smiths y Siouxsie and the Banshees. Talco en la cara y trabajo en el microcentro. El pasaje de las canciones oscuras a los borcegos de caña alta, las remeras a rayas y el punk inglés fue sencillo. Del primer disco punkie de The Cure, Three imaginary boys, al sonido combativo de The Clash había sólo un paso. Sid y Nancy se volvió mi película de cabecera. Todo olía teen spirit y eran los noventas. Pero los noventas nunca me interesaron, salvo por Belle and Sebastian (y alguna otra cosita escondida). La caminata seguía por el tipo que mejor se vistió en toda la historia del rock. El hijo de La Voz. Bowie. Mientras más noventas se ponían los noventas, y las revistas especializadas escribían términos como "ecléctico" a rabiar, me quedé en los ochentas. Menos mal. New Order. The Police. Algún viaje a los setentas. Nunca pude superar el primer disco de la banda de la nueva ola y los cortes conceptuales, 77 de Talking Heads. Alguna estadía en la Velvet. Poco tiempo después, cometí mi primer y único robo: This is hardcore, de Pulp. Alguien tendría que avisarle a Jarvis que 200 pesos la mínima es too much para la common people de acá.
Mi ex dice que cuando se acercan los 30, se deja un poco de lado el pop y el rock y se descubren otros géneros. Mi ex tiene razón. Tango y bolero. Y jazz. Estaba segura que el sonido que más me identificaba era el jazz. Pero llegaron los años, en tres semanas cumplo 30, llegaron las lágrimas, y llegó el barroco a mi vida.

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miércoles, 5 de marzo de 2008
La llevo a mamá
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mamá,
misceláneas
lunes, 3 de marzo de 2008
miércoles, 27 de febrero de 2008
Obama lingerie
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Luego del comunicado de Pola y su acertada preocupación ante el horror estético de las bombachas que circulan en la web, hemos puesto manos a la obra. El Comité de Obamagirls Argentina se reunió para afrontar la crisis de lingerie. Presentamos la nueva línea de ObamaPanties.
"Negro yo te banco" by Pola.
Traducción al griego by Ri.
Latex culotte coming soon by ObamaGirlontape.



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Luego del comunicado de Pola y su acertada preocupación ante el horror estético de las bombachas que circulan en la web, hemos puesto manos a la obra. El Comité de Obamagirls Argentina se reunió para afrontar la crisis de lingerie. Presentamos la nueva línea de ObamaPanties.
"Negro yo te banco" by Pola.
Traducción al griego by Ri.
Latex culotte coming soon by ObamaGirlontape.



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viernes, 22 de febrero de 2008
Resumen clase 20/02/08
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Hoy no fue un buen día. Oh, las palabras. Primero la mañana. Mi amigo que viene a suplirme las horas que concurro al taller llegó tarde, lo que hizo que yo llegue tarde al taller. Sólo un error basta para desencadenar una serie de acontecimientos enlazados. (Para quien haya visto Run Lola run, sabe que acá iría un fragmento de esa película a modo de ilustración). Él dijo "llego en 10 minutos", pero a decir verdad llegó 25 minutos después.
Ya cargaba con un error a las 10:38 am, cuando finalmente llegué al bar. Esta vez fui yo quien encontró a Rubén y Laura en una charla muy animada, sentados en las mesas de afuera. Metí alguna palabra, algo, pero no estoy muy segura de haber entendido la totalidad del diálogo. Luego llegó Fernando, vaya a saber qué serie de hechos desencadenados hicieron que llegue incluso más tarde que yo. Quizás un mal día del colectivero, un despertador roto, una pelea de madrugada.
Como dije, no fue un buen día. Y las palomas nos cagaban encima de tanto en tanto. Como si cada cagada fuese el intento de una paloma por decir algo. Rubén nos trajo amablemente un cuento de Gamboa, uno que fue la semilla de la novela que estuvimos leyendo en la otra clase. Lo trajo con la intención de que notáramos el proceso de escritura de un autor en particular, y cómo cada texto o intento es la posibilidad de una novela. Una semilla. No una cagada de paloma. Sin embargo, no pude contenerme y para cuando las palabras de Gamboa revoloteaban como las palomas por mi cabeza, sin destino, molestando, dije "a mí este autor me aburre". Ahí se produjo el segundo error del día. Oh, las palabras. Creo que Rubén entendió que lo que cuestionaba era el hecho de que ese escritor esté en el taller, porque dijo “yo traje este texto para que noten el proceso, cómo un cuento puede convertirse en una novela, no lo traje porque piense que sea genial” (Obviamente, las palabras empleadas no fueron exactamente así, y quizás aquí se produzca un error más).
Todos tratábamos de argumentar porqué era aburrido, o descriptivo, o discursivo, nos llenábamos de palabras, unas pisoteando a otras, superpuestas, alocadas, pero el único minimalista fue Fernando. “Yo digo que para qué aclara que hace frío si ya dijo que se calientan las manos en el fuego”
Cuando terminamos con Gamboa, Fernando leyó un fragmento del último ejercicio que nos había dado Rubén. Acá Fernando quizás todavía no se había dado cuenta, pero el asunto es que el día ya estaba comenzado y seguía en el mismo tono que al principio porque nos aclaró que faltaba una parte de su texto por un error con los archivos y las versiones. Y gracias al texto de Fernando fue que hablamos sobre el enlace de las palabras. O de las oraciones. O del sentido. Rubén nos dijo que eso que notábamos en el texto de Fernando se llamaba “cohesión”. (Un link sobre la cohesión textual, aprovechando que estamos en la plataforma del hiperlink).
Y el tema tuvo continuidad al leer mi texto, que por supuesto también tuve que aclarar que no estaba completo, que estaba a medio escribir. Rubén aprovechó el primer párrafo para evidenciar las decisiones que se toman al escribir. Un párrafo lleno de sujetos. Cada oración, un sujeto nuevo. Edición de videoclip. Un sujeto, un plano. Todo por corte. A esto se le sumó su contrapunto, que podría ser un párrafo más fluído, donde haya una predominancia de un único sujeto. Y no sé si fue antes o después, pero hubo un intervalo dónde alguien nombró Carver y “minimalismo” nuevamente. Por alguna razón me han vinculado a Carver. Sospecho que deben pensar que soy una fan de Carver. Esto no sé si es un error, o qué, pero yo no soy fan de nada. Me hace acordar a otro episodio con las palabras apenas llegada a Argentina, cuando tenía 10 años de edad. Una de las primeras preguntas que me hicieron fue: “¿Y vos de qué cuadro sos?”. A lo que pregunté “¿Qué es un cuadro?”. Porque por un momento pensé que se referían al cuadro de una pintura, al marco de madera que bordea una foto o dibujo. Ahí me explicaron lo qué era un cuadro, y entendí que era importante ser de algo. Así que por azar dije “Soy de Racing”.
El tema es que yo no sé de quién soy. No aún. Me gusta Carver, me gusta Cheever, Chéjov, pero también me gusta Jane Austen. No quisiera que por ser de Carver, un día quiera escribir la novela más descriptiva posible y no pueda, o que alguna barrera me impida disfrutar a Vallejo. Pero de alguna manera, presionados por las palabras, cada uno de nosotros se posicionó en alguna estética. La pregunta sería: ¿es necesario posicionarse? Yo creo que sí, o más bien, es inexorable adquirir una posición, eso ocurre por default. Lo importante, y quizás eso es lo que Rubén nos está tratando de decir, es saber que uno se está parando en un lugar. Ser consciente. De cada estética, recurso, situación en la literatura. Como un mapa que te dice “Usted está aquí”. Ahora.
Laura propuso cambiar el día de taller para la semana siguiente, y aquí todos tenemos que ser cuidadosos, porque es posible que se genere algún error de horario.
El día continuó para mí con más enlaces de palabras, problemas y acontecimientos. Tuve un malentendido en el banco, la recepcionista me explicó cómo funcionaba el mundo, “viste que en la vida hay pasos a seguir” cuando le pedí hablar con el gerente, porque de una u otra manera siempre me cagan parte de mi dinero o tiempo. Mi familia, en un típico gesto de clase media porteña psicoanalizada, insinuó que deberíamos asistir a una terapia grupal, cosa que tomé nota con pavor. Hubo otra seguidilla de intercambio de palabras confusas, arrastrando años de malentendidos. Mi psicoanalista, otro que trabaja con las palabras, quizá cansado de escuchar durante tantos años de trabajo con tanta gente diferente las mismas palabras de siempre: padre, madre, miedo, odio, cuernos, hijo de puta, soledad, dinero, angustia, sueños, no dijo mucho.
Más tarde, muy al final del día, llegó la noche y yo pensé que con tantos errores, intentos de aclarar, de decir, explicar, señalar, sería bueno dejar por un rato de lado las palabras. No escribir. No leer. Callarme y no decir nada más.
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Hoy no fue un buen día. Oh, las palabras. Primero la mañana. Mi amigo que viene a suplirme las horas que concurro al taller llegó tarde, lo que hizo que yo llegue tarde al taller. Sólo un error basta para desencadenar una serie de acontecimientos enlazados. (Para quien haya visto Run Lola run, sabe que acá iría un fragmento de esa película a modo de ilustración). Él dijo "llego en 10 minutos", pero a decir verdad llegó 25 minutos después.
Ya cargaba con un error a las 10:38 am, cuando finalmente llegué al bar. Esta vez fui yo quien encontró a Rubén y Laura en una charla muy animada, sentados en las mesas de afuera. Metí alguna palabra, algo, pero no estoy muy segura de haber entendido la totalidad del diálogo. Luego llegó Fernando, vaya a saber qué serie de hechos desencadenados hicieron que llegue incluso más tarde que yo. Quizás un mal día del colectivero, un despertador roto, una pelea de madrugada.
Como dije, no fue un buen día. Y las palomas nos cagaban encima de tanto en tanto. Como si cada cagada fuese el intento de una paloma por decir algo. Rubén nos trajo amablemente un cuento de Gamboa, uno que fue la semilla de la novela que estuvimos leyendo en la otra clase. Lo trajo con la intención de que notáramos el proceso de escritura de un autor en particular, y cómo cada texto o intento es la posibilidad de una novela. Una semilla. No una cagada de paloma. Sin embargo, no pude contenerme y para cuando las palabras de Gamboa revoloteaban como las palomas por mi cabeza, sin destino, molestando, dije "a mí este autor me aburre". Ahí se produjo el segundo error del día. Oh, las palabras. Creo que Rubén entendió que lo que cuestionaba era el hecho de que ese escritor esté en el taller, porque dijo “yo traje este texto para que noten el proceso, cómo un cuento puede convertirse en una novela, no lo traje porque piense que sea genial” (Obviamente, las palabras empleadas no fueron exactamente así, y quizás aquí se produzca un error más).
Todos tratábamos de argumentar porqué era aburrido, o descriptivo, o discursivo, nos llenábamos de palabras, unas pisoteando a otras, superpuestas, alocadas, pero el único minimalista fue Fernando. “Yo digo que para qué aclara que hace frío si ya dijo que se calientan las manos en el fuego”
Cuando terminamos con Gamboa, Fernando leyó un fragmento del último ejercicio que nos había dado Rubén. Acá Fernando quizás todavía no se había dado cuenta, pero el asunto es que el día ya estaba comenzado y seguía en el mismo tono que al principio porque nos aclaró que faltaba una parte de su texto por un error con los archivos y las versiones. Y gracias al texto de Fernando fue que hablamos sobre el enlace de las palabras. O de las oraciones. O del sentido. Rubén nos dijo que eso que notábamos en el texto de Fernando se llamaba “cohesión”. (Un link sobre la cohesión textual, aprovechando que estamos en la plataforma del hiperlink).
Y el tema tuvo continuidad al leer mi texto, que por supuesto también tuve que aclarar que no estaba completo, que estaba a medio escribir. Rubén aprovechó el primer párrafo para evidenciar las decisiones que se toman al escribir. Un párrafo lleno de sujetos. Cada oración, un sujeto nuevo. Edición de videoclip. Un sujeto, un plano. Todo por corte. A esto se le sumó su contrapunto, que podría ser un párrafo más fluído, donde haya una predominancia de un único sujeto. Y no sé si fue antes o después, pero hubo un intervalo dónde alguien nombró Carver y “minimalismo” nuevamente. Por alguna razón me han vinculado a Carver. Sospecho que deben pensar que soy una fan de Carver. Esto no sé si es un error, o qué, pero yo no soy fan de nada. Me hace acordar a otro episodio con las palabras apenas llegada a Argentina, cuando tenía 10 años de edad. Una de las primeras preguntas que me hicieron fue: “¿Y vos de qué cuadro sos?”. A lo que pregunté “¿Qué es un cuadro?”. Porque por un momento pensé que se referían al cuadro de una pintura, al marco de madera que bordea una foto o dibujo. Ahí me explicaron lo qué era un cuadro, y entendí que era importante ser de algo. Así que por azar dije “Soy de Racing”.
El tema es que yo no sé de quién soy. No aún. Me gusta Carver, me gusta Cheever, Chéjov, pero también me gusta Jane Austen. No quisiera que por ser de Carver, un día quiera escribir la novela más descriptiva posible y no pueda, o que alguna barrera me impida disfrutar a Vallejo. Pero de alguna manera, presionados por las palabras, cada uno de nosotros se posicionó en alguna estética. La pregunta sería: ¿es necesario posicionarse? Yo creo que sí, o más bien, es inexorable adquirir una posición, eso ocurre por default. Lo importante, y quizás eso es lo que Rubén nos está tratando de decir, es saber que uno se está parando en un lugar. Ser consciente. De cada estética, recurso, situación en la literatura. Como un mapa que te dice “Usted está aquí”. Ahora.
Laura propuso cambiar el día de taller para la semana siguiente, y aquí todos tenemos que ser cuidadosos, porque es posible que se genere algún error de horario.
El día continuó para mí con más enlaces de palabras, problemas y acontecimientos. Tuve un malentendido en el banco, la recepcionista me explicó cómo funcionaba el mundo, “viste que en la vida hay pasos a seguir” cuando le pedí hablar con el gerente, porque de una u otra manera siempre me cagan parte de mi dinero o tiempo. Mi familia, en un típico gesto de clase media porteña psicoanalizada, insinuó que deberíamos asistir a una terapia grupal, cosa que tomé nota con pavor. Hubo otra seguidilla de intercambio de palabras confusas, arrastrando años de malentendidos. Mi psicoanalista, otro que trabaja con las palabras, quizá cansado de escuchar durante tantos años de trabajo con tanta gente diferente las mismas palabras de siempre: padre, madre, miedo, odio, cuernos, hijo de puta, soledad, dinero, angustia, sueños, no dijo mucho.
Más tarde, muy al final del día, llegó la noche y yo pensé que con tantos errores, intentos de aclarar, de decir, explicar, señalar, sería bueno dejar por un rato de lado las palabras. No escribir. No leer. Callarme y no decir nada más.
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miércoles, 20 de febrero de 2008
peligro: una bala se escaparía
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Dice el epígrafe: "Putin, ayer"
Aseguran que el presidente de Rusia es gay. Lo agarraron con un corazoncito rosa en la mano.
Nueva advertencia militar de Putin a varios países europeos
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Dice el epígrafe: "Putin, ayer"
Aseguran que el presidente de Rusia es gay. Lo agarraron con un corazoncito rosa en la mano.
Nueva advertencia militar de Putin a varios países europeos
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domingo, 17 de febrero de 2008
viernes, 15 de febrero de 2008
Feliz día de los NO enamorados
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(Louis Prima)
(Marlene Dietrich, David Bowie. Just a Gigolo)
(Mills Brothers)
(Dinah Shore & George Burns)
Para R101 con cariño, y para todos los desamorados en nuestro día.
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(Louis Prima)
(Marlene Dietrich, David Bowie. Just a Gigolo)
(Mills Brothers)
(Dinah Shore & George Burns)
Para R101 con cariño, y para todos los desamorados en nuestro día.
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jueves, 14 de febrero de 2008
La vida un bolero
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Luego de un día a puro bolero, en una fabulosa maratón de radio online especializada en la música del corazón, aquí algunas de las frases que quedaron rebotando en mi cabeza.
ayyyy amor ya no me quieras tanto
ayyyy amor no sufras más por mi
ayyyy amor olvídate de mí
yo no sé si por embrujo de tus ojos
si le digo a tus labios róbame el corazón
que si es pecado amarte
yo seguiré pecando
he de seguir amando
aunque me vuelva loca
me diste tu amor por equivocación
Otra bolerista
Anna Ajmátova, la poeta rusa retratada por su amante, el pintor de los cuellos largos.

(Modigliani)
Anna Ajmátova por Kuzma Petrov Vodkin.

Foto blanco y negro.

Con ese rostro, sus poemas no podían ser menos.
Cuando la luna es de melón una tajada en la ventana
Y en redor es la calina cerrada la puerta y la casa encantada
Por las azules ramas de glicinas y en la fuente de arcilla hay agua fría
Y la nieve del paño y arde una bujía de cera
Tal que en la niñez, mariposas zumban
La calma, que no oye mi palabra, retumba
Entonces de lo negro de rincones rembrandtianos algo se ovilla de pronto
Y se esconde allí a mano, pero no me estremezco, ni me asusto siquiera...
La soledad en sus redes me hizo prisionera
El gato negro el alma me mira, como ojos centenarios
Y en el espejo mi doble es tal vez mi contrario.
Voy a dormir dulcemente, buenas noches, noche.
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Cuando escuches el trueno me recordarás
Y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
Y el corazón, como entonces, estará en el fuego.
Esto sucederá un día en Moscú
Cuando abandone la ciudad para siempre
Y me precipite hacia el puerto deseado
Dejando entre ustedes apenas mi sombra.
------------------------
Todos se fueron y nadie regresó.
Fiel a la última promesa amorosa
sólo tú diste vuelta
para ver el cielo ensangrentado.
Más Anna
Otros boleros
(Sabor a mí, Trío los Panchos y Eydie Gorme)
(Piel canela, Pedro Infante y Carmen Sevilla)
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Luego de un día a puro bolero, en una fabulosa maratón de radio online especializada en la música del corazón, aquí algunas de las frases que quedaron rebotando en mi cabeza.
ayyyy amor ya no me quieras tanto
ayyyy amor no sufras más por mi
ayyyy amor olvídate de mí
yo no sé si por embrujo de tus ojos
si le digo a tus labios róbame el corazón
que si es pecado amarte
yo seguiré pecando
he de seguir amando
aunque me vuelva loca
me diste tu amor por equivocación
Otra bolerista
Anna Ajmátova, la poeta rusa retratada por su amante, el pintor de los cuellos largos.

(Modigliani)
Anna Ajmátova por Kuzma Petrov Vodkin.

Foto blanco y negro.

Con ese rostro, sus poemas no podían ser menos.
Cuando la luna es de melón una tajada en la ventana
Y en redor es la calina cerrada la puerta y la casa encantada
Por las azules ramas de glicinas y en la fuente de arcilla hay agua fría
Y la nieve del paño y arde una bujía de cera
Tal que en la niñez, mariposas zumban
La calma, que no oye mi palabra, retumba
Entonces de lo negro de rincones rembrandtianos algo se ovilla de pronto
Y se esconde allí a mano, pero no me estremezco, ni me asusto siquiera...
La soledad en sus redes me hizo prisionera
El gato negro el alma me mira, como ojos centenarios
Y en el espejo mi doble es tal vez mi contrario.
Voy a dormir dulcemente, buenas noches, noche.
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Cuando escuches el trueno me recordarás
Y tal vez pienses que amaba la tormenta...
El rayado del cielo se verá fuertemente carmesí
Y el corazón, como entonces, estará en el fuego.
Esto sucederá un día en Moscú
Cuando abandone la ciudad para siempre
Y me precipite hacia el puerto deseado
Dejando entre ustedes apenas mi sombra.
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Todos se fueron y nadie regresó.
Fiel a la última promesa amorosa
sólo tú diste vuelta
para ver el cielo ensangrentado.
Más Anna
Otros boleros
(Sabor a mí, Trío los Panchos y Eydie Gorme)
(Piel canela, Pedro Infante y Carmen Sevilla)
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