martes, 31 de julio de 2007

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¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?


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Olga M



En su recuerdo eran los cangrejos los que pinchaban a la orilla del mar caribeño, la gimnasia acrobática del club Hogar Hispano de Caracas y la vecina dueña de una perra llamada Cacrina, “Ca de callejera, cri de criolla, na de nacional", la misma perra que le dejó una cicatriz en el brazo derecho cuando intentaba salvar a su perra Federica de las mordidas feroces de Cacrina. Entre iguanas, tortugas y caninos, que se alojaban en el jardín de la casa familiar, la niña aprendió a ladrar, e incluso, se dice, pasaba varias noches aullando con otros perros del barrio. Olga M fue educada a la manera en que se hace un collage: entre los 5 y 7 años de edad asistió a los más diversos colegios caraqueños rodeada de matas y clases religiosas: un año a colegio de monjas y luego un año a colegio judío. Confundida, Olga M estaba convencida que Dios era a imagen y semejanza de Peter Pan versión dibujitos animados. Desconocía el invierno. Sus padres, que venían del país de las vacas, decidieron traerla a Buenos Aires, en aras de conocer a su familia. Olga M conoció a su abuela Perla, que la llenó de collares de piedra y maquillaje Pupa. Una casa habitada de estatuillas de porcelana y manteles a flores.
“Cuadro de fútbol”, “Palito Ortega” y “Jujuy” fueron vocablos que aprendió con el tiempo. La perra Federica, que llegó por avión embalada en una caja, se parecía a una vaca. A un Holando Argentino. Una vaca venezolana que hacía guau y grrrrrrr. Tanto a Federica como a Olga, el invierno les disgustaba y añoraban juntas, a los aullidos, el calor de las islas, el sonido de las chicharras, el queso a mano y las calles de arena apalmeradas.
Afortunada de tener a Federica de superamiga, Olga M se adentró en las aventuras que le depararon el “Úrsula”, una escuela pública de Palermo donde fue decorada en el pelo con chicles masticados a los que respondía con llanto o puñetazos. Acostumbrada a los viajes, Olga viajó toda la ciudad y más, durante su adolescencia: Once, La Boca, Floresta, Ciudad Evita, Chacarita, Constitución, San Justo, Villa Luro. Coleccionó y dibujó mapas de Buenos Aires durante sus meses a pie de cadeta. Sin embargo, Olga nunca dejó de perderse por la ciudad. Federica tampoco.
Su juventud voló en aviones que la llevaron en mochila por Europa junto a un noviecito checo calco de Luke Skywaker. Al volver, Olga M se enamoró de un niño ostra que le rompió el corazón. Tras una ruptura tormentosa, perdió varios kilos y lágrimas y se dedicó de lleno al trabajo.
Olga M sigue confundida mirando mapas, jugando al chaski boom con su corazón de hojalata y añorando los aviones.
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lunes, 30 de julio de 2007

sábado, 28 de julio de 2007

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degradar: hacer disminuir progresivamente las características o cualidades de algo.


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un día rancio y molesto. pesado y pegajoso. gritón, cansino o apático. un día que no para, ni deja asomarme al balcón. y qué de la calle, de la gente, de los novios a las manos. un teléfono interrumpe. un horario al que no llego. una cita al médico que se suspende. una sesión raquítica, reuniones amorfas, un reloj arrugado. una cama aburrida, una espalda sin dorso, un desorden de meses. la computadora rota, los anteojos olvidados en el asiento de atrás, la moneda falsa que no agarra el colectivo. un saludo mezquino, un abrazo no viene, el coto no toca el timbre. un vecino ruidoso, un portero metiche, un bocinazo clavado. bah, un día de mierda.
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viernes, 27 de julio de 2007

miércoles, 25 de julio de 2007

La cámara lúdica

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(Para la cámara lúcida, mejor esto)



Tres pasos, tres operaciones. Sampleo, le dicen en música. Cita, intertexto, collage. Viaje en el tiempo. Red, condensación. La foto que aquí cuelgo es una foto a la foto de una foto (o fotograma).

Uno.
Murnau filmó La última carcajada (Der letzte Mann, El último hombre) en 1924. Puro expresionismo alemán y belleza de guión (esta película tenía un final drástico originariamente y por presión de la producción, Murnau tuvo que darlo vuelta). Circular, pega la vuelta, como más me gusta a mí, como After Hours de Scorsese donde el sujeto vuelve al punto de partida modificado por la experiencia. Casualidad o no es que tanto en La última carcajada como en After Hours, el punto de partida y el punto de llegada son el mismo en ambas películas: el lugar de trabajo. En la película de Murnau el conserje del hotel pierde su trabajo y luego de una serie de acontecimientos recibe una herencia que le permite comprar el hotel que lo dejó sin trabajo. En After Hours la primer escena transcurre en la oficina y luego de 24 horas de azar y acción Paul Hackett vuelve a teclear en la máquina de escribir de la oficina.

Dos.
En una retrospectiva de cine expresionista, la sala de cine del San Martín (la Lugones) proyectó en el año 2004 La última carcajada. Allí fui, con la cámara de fotos, a oscuras, en silencio, sin flash, y tomé una foto a la pantalla.

Tres.
Finalmente la foto fue copiada manualmente en papel. Esa foto, montada en madera, se encuentra en este momento exhibida en una galería. En la inauguración, nuevamente, fotografiamos con un amigo la foto colgada en la pared. Y ahora vino a parar aquí, al blog, a la pantalla de la computadora.

Relaciones, asociaciones, datos secundarios, contexto.
La cámara que utilicé para tomar esta fotografía en la sala de la Lugones fue una Zeiss Ikon. Recurrí a mi padre que me explicó el origen de la cámara. “Es una Zeiss Ikon que compró José (mi abuelo) en el año 1968 en Alemania Occidental” Luego, y en un acto novedoso, mi padre se entusiasmó y a raíz de la pregunta por la cámara, escribió (porque la que escribe en la familia es mamá):

El tío Elías era menor que José, creo que en 5 anios. José era de 1907 y Elías del 12. Eran los únicos 2 hermanos que habían sobrevivido de un total de 6. El resto según contaba su mamá murieron de difteria en la primera guerra mundial.

Todos ellos pasaron hambre en esos anios.

Primero llega José en el 28 a los apenas 21 anios, logra juntar plata y lo trae a Elías.

Cuenta José que cuando llega Elías al puerto de Bs.As. lo detiene la policía por estar sospechado de pertenecer al grupo de mafiosos judíos (La famosa Tzwi-Migdal) tratantes de blancas. La confusión se aclaró rápidamente: Elías entabló en el barco amistad con un grupo de judíos que bajó en Montevideo y que estaban sospechados de pertenecer a esa organización de rufianes.

Elías fue un aficionado a la fotografía desde la década del 40 época en que la sociedad comercial que tenían ambos hermanos, le permitió cierta holgura económica para practicar su hobby.

Yo recuerdo los cajoncitos Leika que tenía y sobre todo la fascinante colección de revistas importadas "Photography" en donde se exhibían mujeres modelos sin las axilas afeitadas y bastante más rellenitas que las modelos de nuestra época. Contaba con un laboratorio de revelado blanco y negro que para mi era todo un misterio. Se trabajaba en la oscuridad o con iluminación de lámparas rojas.

Yo no se a donde fueron a parar la inmensa cantidad de fotos artísticas que tomaba y sobre todo esa colección de revistas.

Alberto puede saber de eso.

Por otro lado Elías fue de los primeros concurrentes a las sesiones de psicodrama (que era una especie de terapia de grupo actuada) que había en Buenos Aires.

Todo esto era bastante atípico para un emigrante judío que llegaba de la Europa del este de un pueblo de la Rusia Imperial y luego de la Polonia antisemita de los anios 20 y 30

Besos
Pa


Mi abuelo José nos dio un apellido judío-alemán a la familia, que termina en “man”. Obvio que mi primer asociación fue abuelo ruso de apellido alemán que trae una cámara de Alemania, nieta que tiene fascinación por lo ruso y lo alemán va al cine a ver una película alemana y toma esta fotografía. Bien, la cadena sigue con otras variaciones. Der letzte Mann aparece justo en el momento de mi vida en que estaba en absoluta crisis con el trabajo. No sólo con mi trabajo, sino con el trabajo en general. Terribles angustias a esa edad (24). Angustiada y todo, acompañada por el novio de ese momento que fue el primer amor, el primer hombre, quizás el único, no cedían mis ganas de seguir con cámara en mano. Aquella tarde fui con él al cine y tomé la foto. Él estaba al lado mío, en la sala, quizás triste, porque ya sabía que esas eran nuestras últimas risas juntos. Poco tiempo después, nos separamos.
Una vez separados, fui a revelar las fotos y a copiarlas a lo de un colega experto y sensible a los matices del copiado, el papel, el grano, la textura. Entre la serie de fotos estaba, obvio, él. Él sonriendo, él en mi sillón, él mirándome, él mirando a la cámara. Pasaron los años y vino la exposición. La inauguración de la muestra. Y como novio que samplea en mi vida, él vino al evento esa tarde, e hicimos el comentario pertinente: en esa foto estábamos juntos. No me extraña que toda esa serie se trate de espacios vacíos, de camas revueltas, de sillas sin gente, de ositos peluche cabizbajos.
Circular, como me gusta a mí. Una línea de tiempo que se arquea como círculo y funde sus nodos en un solo punto, como los layers del photoshop que transparentan. La foto es la imagen de una mujer a espaldas, sola, en la oscuridad del claroscuro expresionista, buscando algo. Condensar. La titulé “La última mujer”
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martes, 24 de julio de 2007

las palabras de los otros.

"...Me gusta pensar que mi apartamento del oeste de Londres es la casa de un playboy. Lo cual no produce efecto alguno en mi apartamento, que sigue siendo una madriguera, un colgadizo, un calcetín. Huele a soltero, a solterón: hasta yo lo noto (no permitan ustedes que la solteronía se les meta en la vida, en los huesos). Como un adolescente, tembloroso, agitado, mi pobre apartamento suspira por una presencia femenina. Y yo igual. Tiene el ánimo destrozado, y yo igual. (El salto de cama, las cremas humedecedoras, el baúl del tesoro que era su cajón de las bragas: todo se echa en falta, todo ha desaparecido.) Mi apartamento tiene moqueta rizada de color vainilla, un sofá de piel de rinoceronte, y una cama ovalada con una colcha de satén negro. Nada de esto es mío. Ni las paredes son mías. Todo es alquilado. Alquilo el agua, el calor, la luz. Alquilo el té a bolsas. Llevo viviendo aquí desde hace diez años, y nada es mío. Mi apartamento es pequeño y también me cuesta un montón de dinero."

Dinero. Martin Amis. 1984.

"I've been your mother, I've been your father
Who can ask me for more
I've been your sister, I've been your mistress
Maybe I was your whore
Who can ask me for more"

"Love me love me
Say that you love me
Fool me fool me
Go on and fool me
Love me love me
Pretend that you love me
Leave me leave me
Just say that you need me"

First band on the moon.
The Cardigans. 1996.
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lunes, 23 de julio de 2007

pregunta existencial

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como criatura de estanque
de animal voraz
de hambre y angustia
cargadas mis manos
como la estrella ambiciosa
que aparece y multiplica
hasta comerse el cielo
veloz, como fiera suelta
oliendo rastros pantalón azul
cinturón de cuero
aullando
alarida
gritando tu nombre
y los árboles testigo
de la huída del mundo
buscaré hasta alcanzarte
los brazos sujetos de ti
en el piso a rugidos
perdida volteada
armada de ganas
oliendo tu nombre
anidada
llena de ti
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