martes, 6 de marzo de 2007

El adolescente y yo

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El adolescente y yo estamos sentados en el mismo banco de piedra frente al complejo de cines. El adolescente está esperando, miestras escucha en su reproductor de mp3: ¿Radiohead?. ¿Nirvana?. ¿White Stripes?. ¿Gorillaz?. No lo sé, no tengo idea de lo que escuchan los adolescentes ahora, la verdad. Yo arranqué con los 50s y me quedé en los 80s, pasando por los 60s y 70s. Aún no logro que me guste ninguna banda de los 90s. Ni de ahora... con excepción de Franz Ferdinand (y creo que el sonido de ellos baila bien con las décadas de mi predilección).
Yo también estoy esperando. Faltan 20 minutos para que empiece la película. Estamos demasiado cerca, y noto su piercing en el labio superior. Dios mío, cómo debe doler esa cosa. De fondo una pequeña cascada ruidosa que cae de la fuente de agua. El sonido es monocorde y parece un televisor encendido. Sin embargo, no anula la pieza de tango que tocan a unos metros frente a nosotros. Reconozco la música, es milonga. Miro al adolescente de costado, y veo como se mueve al ritmo de su mp3. Él, con su Radiohead sonando, yo, con mi milonga marcando el paso. ¿Cuando fue que empecé a escuchar tango?. Dos clichés, una década y media él, casi tres yo, sentados uno al lado del otro.
Parece retraído, indiferente, triste. Está solo y yo también. Vine sola al cine. Probablemente él también. Tenemos una coincidencia. Me sonrío.
Miro sus Allstars, y miro mis tacos. ¿En qué preciso momento fue que empecé a usar tacos?. Ya ni me caigo, creo que los estoy llevando con gracia últimamente.
Tiene una revista en la mano, alguna de música (no, no es la revista La Mano). Revistas que no existían cuando yo empecé a escuchar rock. Recuerdo cuando me escapaba de mi casa por unos días, y corría al encuentro del editor de música. No importaba que yo tuviera 19 años y el casi 60. Siempre nos entendimos. Es fácil hablar mal de él. Conmigo fue un amigo. Nunca me tocó un pelo. Nunca, siquiera, lo intentó. Éramos como un Lolita sin sexo, sin trasgresión. Me decía que yo era una palomita blanca. A su manera, me protegía. Hace poco tuve noticias de él, hace mucho que no lo veo, le perdí el rastro. Después de esa época vino todo lo que ya sabemos: el primer trabajo, la primera vez, irse a vivir solo, el primer amor, la vez que te rompieron el corazón.
La milonga sigue sonando, y noto de golpe que el adolescente se para y se va. Giro la cabeza y lo veo ir. Se encuentra con sus amigos, ríen, se abrazan, se alejan del cine. No estaba haciendo tiempo para ir al cine solo.
Yo sigo esperando que empiece la película, de fondo el sonido del agua cayendo, y considero mientras, que cuando vuelva a las clases de tango, tengo que hacer ese seminario de milonga.
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4 comentarios:

Matías Pailos dijo...

El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos.

Simpática y puntual dijo...

Je, je...
(sigo esperando el trueque).

Martín Ludwig dijo...

Quizás ha llegado el tiempo en el cual debas lolitear a un púber (sin sexo, claro).

SyP, ¿vos borraste un comment tuyo en mi blog? Porque desapareció de forma misteriosa. Raro.

Simpática y puntual dijo...

Hola ML
Que buena idea, ya estoy en la edad de ser la pervertida... lástima que no me gusten los teens, pero no deja de ser una buena idea (una especie de feed back karmico).

No!, te escribi un mensaje y le di OK para que lo aceptes en los comments... se perdió?, lo vuelvo a escribir.